En comparación con los habitantes de otras ciudades latinoamericanas, los chilangos son los que menos confían en las instituciones, registrando los niveles de confianza más bajos los siguientes grupos: jueces, sindicatos, funcionarios públicos, legisladores y, en últimos lugar, políticos.
Siguiendo con las comparaciones, los habitantes de la Ciudad de México son menos afectos a celebrar acuerdos, y también son los que menos confían en que sus conciudadanos respetarán los acuerdos. Un tercio de los encuestados se inclina por solucionar sus problemas a través de cualquier otra vía antes que celebrar un acuerdo.
Otra conclusión interesante de la encuesta es que los habitantes de la Ciudad de México tienen disposición para corregir a los otros, pero no para ser corregidos. Esto nos confirma que somos guiados en nuestro comportamiento por nuestros propios valores y creencias, y no por la ley, porque que creemos que nosotros estamos en lo correcto y justo, y los otros no.
Si juntamos todos los hallazgos de la encuesta, es claro, al menos para mí, que una parte de los habitantes de la Ciudad de México no tiene una cultura del respeto a la ley, justifica conductas ilegales o censurables socialmente de acuerdo a su propia concepción de justicia y de lo correcto. También tiende a justificar la violencia en diversas circunstancias, y una parte significativa no celebra acuerdos, una combinación altamente peligrosa para la convivencia pacífica.