Cuando una conocida me contó esta historia me dejo muy sorprendido y preocupado, y creo que a ustedes también los dejará con un sentimiento de preocupación.
Esta persona es psicóloga y trabaja en una escuela primaria pública ubicada en el oriente de la Ciudad de México, en una zona con altos índices delictivos. Ella atiende a los niños que tienen problemas de aprendizaje y conducta, y trata de encontrar las razones de ello.
Un día le mandaron un niño de siete u ocho años que estaba soñoliento todo el día, incluso, se llegaba a dormir en clase y, por supuesto, su desempeño era muy pobre. Después de varias charlas y ganarse su confianza, el niño le contó que dormía muy poco porque se acostaba hasta muy tarde ayudando a su mamá a terminar su trabajo. Ella le preguntó que tipo de trabajo tenía su mamá, y el niño respondió que se dedicaba a vender unos sobres muy pequeñitos de papel que estaban rellenos de un polvo blanco, como talco, llamado cocaína. Y después le preguntó que cómo le ayudaba a su mamá, y el niño dijo que él le ayudaba a preparar los sobrecitos.
Esta es una de varias historias que me ha contado, donde los niños van creciendo con el delito y la violencia a su alrededor. Lo preocupante es pensar en que se van a convertir estos niños en algunos años, si desde pequeños les es natural que sus padres cometan actos criminales. Por ejemplo, el niño de nuestra historia, seguramente terminará en las calles vendiendo droga, o consumiéndola, al fin y al cabo para él es normal desde ya.
Esta persona es psicóloga y trabaja en una escuela primaria pública ubicada en el oriente de la Ciudad de México, en una zona con altos índices delictivos. Ella atiende a los niños que tienen problemas de aprendizaje y conducta, y trata de encontrar las razones de ello.
Un día le mandaron un niño de siete u ocho años que estaba soñoliento todo el día, incluso, se llegaba a dormir en clase y, por supuesto, su desempeño era muy pobre. Después de varias charlas y ganarse su confianza, el niño le contó que dormía muy poco porque se acostaba hasta muy tarde ayudando a su mamá a terminar su trabajo. Ella le preguntó que tipo de trabajo tenía su mamá, y el niño respondió que se dedicaba a vender unos sobres muy pequeñitos de papel que estaban rellenos de un polvo blanco, como talco, llamado cocaína. Y después le preguntó que cómo le ayudaba a su mamá, y el niño dijo que él le ayudaba a preparar los sobrecitos.
Esta es una de varias historias que me ha contado, donde los niños van creciendo con el delito y la violencia a su alrededor. Lo preocupante es pensar en que se van a convertir estos niños en algunos años, si desde pequeños les es natural que sus padres cometan actos criminales. Por ejemplo, el niño de nuestra historia, seguramente terminará en las calles vendiendo droga, o consumiéndola, al fin y al cabo para él es normal desde ya.
Pero volvemos a lo mismo, eso es porque la tasa de desempleo es cada vez mayor y alguna vez haz escuchado que el negocio se hereda o el oficio de aprende de algún familiar, pues efectivamente este chico dentro de unos siete años (y hasta es mucho) encontrará en esta actividad su forma de empleo, porque también dentro de poco su mami le tendrà que pagar un sueldo o los que abastecen a la madre detectarán en el chico sus mejores talentos y tal vez hasta se la dan de distribuidor o ¿tù què creès?
ResponderEliminarElvia no creo que sólo la situación económica sea la responsable de los altos índices de violencia en el país. La mala situación económica podría explicar un aumento de robos de todo tipo, pero no explica la violencia y la saña con la que los criminales actuan, eso va más allá de sólo obtener un beneficio monetario.
ResponderEliminarPinches viejas!
ResponderEliminar¿Para que chingados tienen hijos? ahora si me enojé, yo lo veo desde el punto de vista de la irresponsabilidad de las viejas guangas que se embarazan a lo buey y después ya no saben que hacer con el chamaco y sólo les destruyen la vida.
¡Qué poca!